Negligencia Médica

Pérdida de una chance en negligencia médica: cuándo puedes reclamar indemnización aunque no se pruebe el daño final

Muchas víctimas de un error médico llegan con la misma frustración. Les dijeron que “no se puede probar que la negligencia causó la muerte”, o que “no hay certeza de que, sin el error, su familiar se habría salvado”. Ese muro —la falta de certeza causal— hace que muchos casos legítimos se abandonen. Pero existe una vía que resuelve justamente ese problema: la pérdida de una chance.


🩺 ¿Qué es la pérdida de una chance?

La pérdida de una chance —también llamada pérdida de oportunidad— es un daño autónomo. Se produce cuando una persona pierde la posibilidad real de obtener un beneficio o de evitar un perjuicio, por la acción u omisión de otro.

La idea central es sencilla y poderosa. No se indemniza el simple hecho de “no haber podido elegir”, sino la privación de una oportunidad seria de quedar en una mejor situación. En palabras de la doctrina: no se repara el derecho a optar, sino el derecho a optar por algo mejor.

Trasladado a la medicina, la idea es clara. Un diagnóstico tardío o un tratamiento negligente pueden arrebatarle al paciente la oportunidad de sanar, de mejorar su pronóstico o de luchar por su vida. Esa oportunidad perdida es, en sí misma, un daño indemnizable.


⚖️ Por qué importa tanto en negligencia médica

La responsabilidad médica choca siempre con el mismo obstáculo: la relación de causalidad. La lógica tradicional funciona con un criterio de “todo o nada”. Si no se prueba con certeza que el error causó el resultado final —la muerte o la lesión grave—, la demanda se rechaza por completo.

El problema es que la medicina rara vez ofrece certezas. Un paciente con cáncer diagnosticado tarde igual podría haber fallecido. Uno con un infarto mal manejado quizás no se habría salvado ni con la mejor atención. Con el criterio rígido, el médico o el hospital quedan impunes, justamente porque el cuerpo humano es impredecible.

La pérdida de una chance rompe ese muro. Cambia la pregunta de fondo. Ya no importa solo si la negligencia causó la muerte. Importa si privó al paciente de una oportunidad real y seria de un mejor desenlace. Y esa oportunidad, cuando existía, sí puede probarse y sí debe repararse.


🔬 ¿Cuándo la oportunidad perdida es indemnizable?

No cualquier posibilidad sirve. Los tribunales exigen que la chance haya sido real y seria, no una mera expectativa hipotética o remota. Para que proceda la indemnización, generalmente deben concurrir:

  • Una conducta negligente del profesional o del establecimiento (apartamiento de la lex artis o falta de servicio).
  • La existencia de una oportunidad concreta que el paciente tenía antes del error (por ejemplo, una probabilidad clínica de curación o de sobrevida).
  • Que esa oportunidad se haya perdido o disminuido a consecuencia de la negligencia.
  • Que la posibilidad perdida fuera cierta en su existencia, aunque incierta en su resultado.

El ejemplo más frecuente es el diagnóstico tardío. Un cáncer detectado meses después de lo debido, una infección no pesquisada a tiempo, un sufrimiento fetal no advertido durante el parto. En todos ellos, el daño no es solo el resultado final: es la ventana de tratamiento que se cerró para siempre.


💰 ¿Cómo se calcula la indemnización?

Aquí hay un punto clave que conviene entender desde el inicio. La indemnización por pérdida de una chance es parcial. Nunca equivale al valor total del daño final.

Supongamos que un paciente perdió una probabilidad de sobrevida. No se indemniza el valor de “la vida” ni el daño completo por la muerte, sino la oportunidad perdida en proporción a su seriedad. Esta reparación se sitúa entre el daño meramente eventual y el lucro cesante. Su cuantificación queda entregada al criterio del tribunal, que pondera factores como el carácter de la enfermedad y las probabilidades reales que existían.

Esta lógica se conecta directamente con la valoración del daño moral, que suele ser el rubro más relevante en estos casos.


📚 El caso que marcó el criterio: Vásquez con Hospital Van Buren

La pérdida de una chance dejó de ser una teoría de manual gracias a litigios concretos. El precedente más relevante en materia médica es Vásquez y otros con Hospital Carlos Van Buren. Allí se indemnizó la pérdida de una oportunidad como una categoría de daño autónoma en el ámbito sanitario.

Los hechos son elocuentes. Un paciente llegó vivo a la unidad de urgencia con dificultad respiratoria. Sin embargo, permaneció largo rato sin que le tomaran los signos vitales ni calificaran la gravedad de su cuadro. Cuando lo encontraron sin pulso, pasaron aún varios minutos antes de que un médico lo atendiera, solo para constatar el fallecimiento. El hospital alegó que, por lo masivo del infarto, habría muerto de todos modos.

La prueba que inclinó la balanza

Aquí está la clave del caso. No pudo acreditarse con certeza que la falta de servicio causara la muerte. Pero un peritaje aportó un dato decisivo: quien sufre un paro cardíaco dentro de un hospital tiene cerca de un 49% de probabilidades de superarlo. Fuera de un hospital, solo un 7%. La negligencia, entonces, sí privó al paciente de una oportunidad concreta, real y medible de sobrevivir.

El fallo de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, de 17 de octubre de 2014, fue confirmado por la Corte Suprema el 3 de diciembre de 2015 (Rol N° 29.365-2014). El razonamiento quedó grabado en la jurisprudencia chilena: al paciente no se le privó de la vida, sino de la oportunidad de luchar dignamente por ella. La Corte ordenó indemnizar esa oportunidad perdida como daño autónomo.

Este criterio ha sido reafirmado por la Corte Suprema en fallos posteriores. Se aplica hoy tanto contra el sistema público (por falta de servicio, conforme a la Ley N° 19.966) como en el ámbito privado. La doctrina nacional especializada también lo respalda: la obra de Ríos Erazo y Silva Goñi sobre responsabilidad civil por pérdida de la oportunidad, y los estudios del profesor Mauricio Tapia.

Una lección estratégica para litigar la pérdida de chance

El caso deja una enseñanza práctica valiosa: la abogada que lo litigó no apostó todo a una sola carta. Demandó la indemnización del daño moral como acción principal y, en subsidio, la pérdida de una chance. Anticipó que el hospital alegaría que el paciente habría muerto igual. Con la petición subsidiaria, se aseguró de que el tribunal tuviera que pronunciarse sobre la oportunidad perdida, aunque descartara la causalidad del daño final. Ese planteamiento, bien fundado y probado, abrió el camino a la reparación.

Puedes conocer los detalles de este caso pionero en el episodio del podcast Nexo Causal, presentado por el profesor José Luis Diez Schwerter, con la abogada que lideró el equipo litigante: La pérdida de una chance u oportunidad: ¿es resarcible en Chile?


📋 Cómo se prueba una pérdida de chance médica

Como en toda negligencia médica, la prueba es decisiva, y la ficha clínica es la pieza central. Para construir un caso sólido se requiere:

  • Ficha clínica completa, que tienes derecho a solicitar por ley.
  • Informes y peritajes médicos que acrediten la desviación de la lex artis y las probabilidades que existían.
  • Exámenes, imágenes y protocolos que muestren qué oportunidad tenía el paciente antes del error.
  • Antecedentes que permitan estimar, con criterios clínicos, la seriedad de la chance perdida.

Por eso es clave actuar rápido. Mientras antes se resguarde la ficha y se documente el caso, más sólida es la reconstrucción de la oportunidad perdida.


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Sobre el autor

Este artículo fue elaborado por Ítalo Gianluca Coda Palma, abogado litigante y fundador de Indemnia, Magíster en Derecho de Daños por la Universidad Adolfo Ibáñez. Su práctica se centra en la obtención de indemnizaciones justas en materia de responsabilidad civil y derecho de daños, con experiencia en negligencias médicas, juicios de consumidor, fraude bancario y responsabilidad del Estado.

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